Tuesday, September 30, 2014

Flor de Ayer


Por: Yohanes Manhitu

Te cuento que tenía un capullo de rosa
que perfumaba el jardín de mi corazón.
Pero una tarde, desapareció de vista
con la puesta del sol tan silenciosa.

Unos años han pasado y lo sabemos.
Ya no existe más jardín ni plantón
que espera gotas de agua llovediza –
las que acaban de besar la tierra.

Yogyakarta, 5 de noviembre de 2006

Palomas Salvajes


Por: Yohanes Manhitu

Ayer, estaba en la playa blanca,
Cuando vi unas palomas salvajes
Que volaban de lejos.
Me parecían muchas, felices y fuertes.
No vi tristeza ni preocupación
En sus ojos bonitos que me miraron.
Me enseñaron a olvidar cada tristeza inútil
Que ataca esta vida tan frágil.

Quiero ser una paloma salvaje
Que vuela libre, sin peso,
Por todas partes cuando quiere.
Quiero volar muy cerca de la luna
Y de las estrellas brillantes sin miedo.
Quizás te encontraré en la puerta del universo.
Desde allí, regresaremos a la tierra en las espaldas
De los angelitos tímidos.

Yogyakarta, enero de 2003

Destino de los árboles


Por: Yohanes Manhitu

En la televisión se dan noticias
sobre la tala ilegal de bosques –
el pasatiempo de unos mortales
que se llaman seres codiciosos,
o puedes crear otros nombres.

Dicen que no se puede contar
cuantos árboles que ya pierden
la vida, masacrados con sierras
por sus despiadados enemigos.

La gente habla de desertización,
agujeros en la capa de ozono,
calentamiento del planeta,
y las inundaciones sin final
que tragarán nuestros arcas.

Aquí, reciclamos más papeles.
Allí, continuan a talar bosques.
Si tuviéramos puros corazones,
tendría nuestra tierra más flores.

Yogyakarta, 5 de noviembre de 2006

Oda de Sabana


Por: Yohanes Manhitu

A mi querida tierra, Timor

Allí, el sol me saluda cada nueva mañana;
Allí, la luna me espia toda la noche larga.
Los sándalos me otorgan su fragancia,
Las palmeras cercan la isla de sabana.

Miles de criaturas saben ofrecer sonrisas,
Beteles y arecas dan bienvenida al mundo,
Mata cada sed silvestre el zumo de palmera,
Vence toda hambre la carne asada apetitosa.

O, tierra de sabana, madre de mi alma viva.
Eres patria eterna de los cuerpos de palmera,
Eres pura cuna de los corazones de sándalo.
Tu cielo y tu mar azul radian la paz eterna.

Tus dos mares, el Masculino y el Feminino,
Son hogares de miles de peces muy plateados.
Tus playas son como las alfombras tan blancas
Y su arena tiene la suavidad de la cama del rey.

Yogyakarta, 9 de agosto de 2004